Teoría General de la Consciencia

 

Por Teoría los marxistas entendemos las herramientas de abstracción necesarias para dominar el Mundo en su dialéctico e incesante movimiento de transformación.

 

La Teoría nos permite a los revolucionarios actuar en el mundo ajustando la acción al movimiento de la materia y de acuerdo con el grado de consciencia que de si misma esta tiene.

 

La Teoría de esta manera, su estudio y desarrollo, es parte fundamental de la acción revolucionaria, tanto es así que Lenín afirmó que sin teoría revolucionaria no es posible la práctica revolucionaria. La cabal comprensión de la función de la Teoría, y del papel en la misma de los elementos que la componen es de fundamental importancia para el futuro de la revolución, para la construcción del comunismo, y para la emancipación de la humanidad.

 

La aparición del marxismo aporta por primera vez en la historia una Teoría que desprovista de las deformaciones de la realidad y de los prejuicios de las clases dominantes es la más formidable herramienta de transformación del mundo.

 

Por primera vez se relaciona cabalmente la materia con la consciencia, a la naturaleza con los hombres, y a la sociedad con los individuos, abriendo con ello las puertas a la comprensión de los fenómenos naturales y sociales, y superando, además del oscurantismo de la religión, siglos de ciencia acumulada por la burguesía desde que en el Renacimiento el humanismo burgués liquidara el papel de Dios como causa y explicación del mundo.

 

La Teoría  marxista, el marxismo supera al humanismo como herramienta de acción revolucionaria en el punto en que este se muestra agotado e incapaz de superar los estrechos límites de los intereses de las clases propietarias que lo crearon.

 

En la Teoría marxista, la ideología es la componente clave. Esto es también así  para los marxistas en el humanismo burgués, en el teocentrismo feudal o en cualquier filosofía de representación de la realidad. Lo importante, lo verdaderamente novedoso es el concepto que de ideología tiene la Teoría marxista.

 

La ideología para los marxistas – cualquier ideología- es ajena a la voluntad y a la conciencia. Es el resultado espontáneo –automático- que produce toda organización social al reflejarse en la conciencia de sus componentes. Refleja las relaciones sociales existentes y al hacerlo las asienta y las reproduce. La burguesía no puede aceptar este planteamiento porque hacerlo supone aceptar la inevitable sucesión de los modos de producción frente a su mantenimiento o su acaso perfeccionamiento gradual por la  acción de la razón humana

 

Los marxistas hemos construido el concepto de ideología sacando del mismo todo vestigio de humanismo y con ello superando una barrera para la burguesía infranqueable. Sacar de la ideología la consciencia es eliminar la voluntad humana como núcleo vertebrador del mundo. Es asumir que los humanos y con ellos nuestra conciencia e ideas se mueven de acuerdo con los límites históricos del mundo material en que viven. Que los sacrosantos principios de libre arbitrio y su correlato, la propiedad individual no lo son más que lo fueron los ya arruinados principios teocentristas.

 

Asumimos que todo modo de producción históricamente existente genera una ideología propia, así la ideología esclavista es la propia de las sociedades clásicas, la ideología feudal lo es de las sociedades que tienen en dios o la iglesia su principio organizador y la burguesa la propia de las sociedades capitalistas. Asumimos que esto es un hecho solo cuestionable desde los desesperados intentos de la burguesía por eludir su caducidad. Desesperado e inútil propósito.

 

La concepción de ideología como sistema de ideas generadas desde la capacidad humana de pensar no es más que una farsa que pretende ocultar en la diversidad de los matices y las tendencias la unidad de fondo de todas ellas con la que es la clave central de la ideología burguesa: la superioridad de la voluntad y la conciencia humana sobre las leyes de la naturaleza y la sociedad, es decir la superioridad del libre arbitrio humano. Y al mismo tiempo negar la posibilidad de existencia de cualquier sistema ideológico que no se asiente en este principio.

 

Y sin embargo existen sin que ello signifique que han surgido del pensamiento humano. La Ideología proletaria existe si bien ahora de manera minoritaria y en estado embrionario pero con su estructura genética desarrollada y completa. De la misma manera que la ideología burguesa existía en el seno del mundo feudal.

 

La ideología proletaria es perfectamente identificable a partir de su núcleo central opuesto e incompatible con el de la burguesía. Frente al hombre sujeto y medida de todas las cosas. El proletariado opone la historia como proceso sin sujeto [ni fines] núcleo desde el que emerge una nueva visión del mundo y unas relaciones nuevas entre los hombres y de estos con la naturaleza.

 

Las ideologías nunca se han generado desde la voluntad o la conciencia, aunque en la actualidad una parte del proletariado está en este error, influida por la regresión revisionista que desde la segunda mitad del siglo XX han hecho del marxismo determinadas organizaciones pseudomarxistas.

 

La verdadera lucha entre dos ideologías, la que da como resultado la sustitución de lo reaccionario por lo avanzado, de lo viejo e inservible por nuevas y brillantes realidades no es otra cosa que el reflejo en el terreno de las ideas de la lucha entre dos modos de producción materiales, reales y existentes. El humanismo triunfante de Rafael y Leonardo no habría existido ni existió allí donde no había ciudades ni producción artesanal libre en oposición a la reglamentación feudal de la producción. El liberalismo de la burguesía nunca habría desplazado en el mundo al catolicismo español sin la producción de las fábricas inglesas.

 

Esta es una verdad ocultada al proletariado por la reinterpretación en humanista de su punto de vista propio y genuino. Las elites autodenominadas vanguardias revolucionarias justifican su falta de crédito y liderazgo en la supuesta ignorancia de las masas cuando no en el aburguesamiento de éstas para con ello ocultar el verdadero papel que desempeñan de evangelizadores del humanismo burgués entre el proletariado.

 

A las organizaciones revolucionarias del proletariado nos corresponde rescatar la teoría marxista, sus fundamentos, y actuar de acuerdo con ella. Un modo de producción se combate con otro modo de producción. En el hegemonismo capitalista en el que vivimos en los primeros años del siglo XXI existen ya muchos elementos propios del modo de producción que sustituirá al capitalismo. Cooperativas, iniciativas asociativas como las que se desarrollan en Internet con el software libre, poder sindical en las empresas, etc. son algunos de los elementos del modo de producción que ya se adivina sustituirá al actual. Proponerlos, apoyarlos, impulsarlos, incentivarlos, cuidarlos son el camino para que la ideología proletaria avance se haga fuerte y en un futuro, seguro que no lejano, sustituya las actuales relaciones de producción capitalistas y con ellas al humanismo de la burguesía.

 

¿Pero si la ideología no se piensa y la clave está en el modo de producción, que podemos hacer los revolucionarios para apoyar el camino de la revolución? Efectivamente la ideología no es pensable en el sentido que su origen no esta en la mente humana, pero de hecho desde la aparición de modos de producción que sojuzgan a una parte de la población para explotarla, las clases dominantes beneficiarias de estos sistemas económicos han necesitado inculcar en las mentes de todos sus miembros elementos organizados para reforzar el papel automático de la ideología en la reproducción de las relaciones de producción existentes. La filosofía desde entonces desempeña ese papel. En modos de producción en los que existe una fuerte contestación social la filosofía acude a reforzar la ideología del modo de producción teorizando sobre su superioridad y necesidad.

 

Pero al igual que en apoyo de la ideología burguesa se desarrollan las filosofías reaccionarias burguesas, la teoría marxista se compone además de la ideología proletaria de la filosofía marxista, el materialismo dialéctico, con el que la toma de posición por la revolución y la sociedad comunista se justifica y argumenta como necesaria y justa.

 

Por último la ciencia es el tercer componente de la Teoría Marxista. Por Ciencia entendemos el proletariado el movimiento objetivo de la realidad. La ciencia se ocupa por tanto de las leyes de este movimiento. Pero debido a que la sociedad esta incluida en este movimiento y esta se mueve también por leyes propias en las que la lucha política y la acción revolucionaria es parte integrante, el conocimiento de la ciencia como se lo plantea la burguesía es imposible.

 

Para el proletariado el desarrollo de la ciencia está determinado por las condiciones a que a ésta someten de una parte la lucha de clases (las luchas entre modos de producción, y entre los sistemas ideológico-filosóficos) y por otra la inabarcabilidad del universo en su movimiento. Por ello la ciencia nunca alcanzará el conocimiento total

 

La Teoría marxista al integrar de manera honesta ideología, filosofía y ciencia constituye la principal herramienta del proletariado para hacer la revolución y de la humanidad para conquistar su emancipación.

 

 

Valencia, 1 agosto de 2005